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¿Cuál es diferente?

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¿Cuál es diferente?

Una de estas cosas no es como las demás, una de estas cosas no pertence al grupo ¿Puedes decir cuál no es como las demás antes de que acabe esta canción?

 

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Por cada mentira que desaprendemos, aprendemos una verdad nueva.

(Ani DiFranco My IQ

 

 

La última imagen es de aquí

Donde caben dos, caben cuatro

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Llega el día de las confesiones, me permitiréis que de un par de rodeos.

Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema. Se me hace necesario intervenir. La intervención social no es solo un lujo de la clase media, ni un capricho, ni un acto de buen Samaritano. Es una cuestión de responsabilidad social. Aceptémoslo, el estado de bienestar se cae. Hace años se tambaleaba, pero ahora se cae. Así que en la sociedad futura, la que tenemos que construir, hay que aceptar responsabilidades que aunque podamos pensar que le pertañen al estado, en realidad si el estado no las cumple, pasan a ser nuestra obligación. Igual que en la postguerra nuestras abuelas alimentaron a sus vecinos. Nadie (o muy poca gente) deja que sus hijos mueran de hambre por no recibir un subsidio, ni que sus ancianos padres se queden a vivir debajo de un puente al ser expropiados. No; nos responsabilizamos, les alimentamos y los alojamos en nuestras casas como buenamente podemos.

Bueno, pues al desplomarse el estado de bienestar, se hace necesario expandir esta filosofía más allá de los lindes familiares. Me es indiferente que a la sociedad no le importe, que haya quien pueda ver agonizar a una niña china atropellada sin pararse a auxiliarla, que pueda oir como a su vecina la apalean sin levantar el teléfono para llamar a la policía (que por otro lado, nunca llega), o que deje agonizar a un perro en una cuneta durante semanas. Me es indiferente porque me gustaría pensar que son casos excepcionales, por eso reciben la difusion en los medios. Lo habitual no sale en las noticias. Imaginemos titulares como “Niña negra va al colegio” o “Adolescente ayuda a hacer la compra a su abuela” o “Hombre vive veinte años con su mujer sin pegarle ni una vez”.  No nos equivoquemos, nuestra sociedad es mejor de lo que se retrata en los periódicos y noticiarios.

Y si no lo fuera, tampoco veo el porqué seguirle la inercia y convertirnos en seres egoístas y despreciables. Ya nos lo decian nuestras madres:

-“¿Y si Fulanito salta desde un quinto, tú te tiras detrás?”

-“No, madre”.

Así que ante un estado que se cae, creo es nuestra labor el levantarnos y compensar. Al menos si queremos vivir en un sitio un poquito mejor, en lugar de ver caer lo que debería ser nuestro Jardin del Eden y dejar que “los malos” nos ganen la partida. Es el momento de arrimar el hombro y construir algo que sea un poco más bonito que lo que ya tenemos (no debería de ser tan difícil).

Hace años vivía en una casa compartida con otras tres estudiantes y un obrero “residente” que nunca debiería haber estado ahí (y que no se fue ni tras denunciarlo) que entre otras cosas, nos dejaba la casa llena de materiales de construcción. Acordamos que quitaría sus trastos  de la cocina durante las vacaciones, pero al volver a casa comprobamos (sin sorpresa) como no había movido nada. Asi que subí la maleta a mi cuarto,  y en media hora transladé sus aperos al sótano en un arrebato de “Hostia-ya-el-Peter-de-los-cojones”. Como era de esperar la día siguiente Peter entró en cólera y llamó a la inmobiliaria para comunicarles que habíamos tocado “sus cosas”. Le dejé una nota en la escalera (la portátil, que ahora estaba ahora en el sótano) que decía:

“Peter, estamos hasta las narices de tener tus trastos por el medio y lo sabes porque lo hemos hablado muchas veces. Son tus cosas, pero mientras esten en mi cocina y pague yo el alquiler, son mis problemas. Te compometiste a guardar estos aperos y aunque has tenido dos semanas para hacerlo, no lo has hecho. Asi que te los he metido yo en el sotano, me ha costado 20 minutos. Me parece patético que tengas las narices de quejarte encima de que estoy haciendo tu trabajo, si vuelve a aparecer algo en la cocina lo volveré a quitar, sólo que la próxima vez irá al container”.

A partir de ese momento ya no tuvimos mas herramientas en la cocina. No se acabó el problema, surgieron otros, pero nuestra casa empezó a parecer un hogar y todas pudimos vivir un poco mejor durante el tiempo que nos quedaba allí.

Asi que hace aproximadamente un mes, tras hacer las averiguaciones pertinentes, levante el teléfono para llamar a servicios sociales. Los derechos del niño (y es obligación del estado garantizarlos) establecen que todo niño tiene derecho, entre otras cosas, a:

  • A una familia (el año pasado, de 1400 niños sin hogar en el condado de Kent, servicios sociales encontraron hogar a 74).
  • A la protección contra el descuido o trato negligente (a poco que se sepa de las condiciones de los niños en desamparo, este punto no merece ni explicación).
  • Al más alto nivel posible de salud (a los niños con problemas de comportamiento las autoridades sencillamente les drogan para que no den problemas, es más barato y rápido que la atención psicologica especializada).
  • A la educación (sin padres que supervisen y guien, la educación no ocurre por combustión espontánea).
  • A un nivel de vida adecuado para su desarrollo, particularmente con respecto a la nutrición, el vestuario y la vivienda.
  • A la libertad de expresión y a compartir sus puntos de vista con otros (no sólo es un derecho, sino una habilidad y sin cultivarla, no puede ocurrir).
  • Al descanso, el esparcimiento, el juego y las actividades recreativas.
El otro día, en clase M. hizo un ejercicio sobre “esperanzas” y les preguntó a los nanos qué esperanza tenían. Una niña dijo “Yo espero encontrar una familia algun día”. Tiene doce años y es negra, lo que quiere decir que lo mas posible matemáticamente es que no la encuentre. En Japón dicen que los profesores siempre sufren de la garganta porque ahí es donde residen los sentimientos y en momentos como estos, uno entiende porqué.

Así que el día 2 de Febrero, recibimos esto por correo.

Y la semana que viene tenemos nuestra primera reunión. Me siento como el día antes de irme de vacaciones, con los billetes para un sitio en el que nunca he estado en la mano y las maletas sin hacer… y ni idea de qué meter más que paciencia.

Y aprovecho para recomendar el último album de Springsteen, que salió ayer y es más que apropiado para los momentos que vivimos.

Minientrada

Cuando era pequeña me regalaron un par de diarios. Los 80, es lo que tienen. Uno de ellos tenía las páginas marrones e iba perfumado, las hojas verdes de menta, las rosas de fresa, las naranjas de naranja, las moradas de moras (?)… y escribía mucho. De hecho, escribía casi todas las noches. Cuando me entraban los ataques de adolescentitis y mis frustraciones, las escribía todas, como el personaje de The House On Mango Street de Sandra Cisneros. Y un día me dió por leerlo sin estar enfadada con el mundo. Leí todas las críticas y reproches que había escrito durante cuatro años. Aunque por aquel entonces todavía pensaba que tenía razón, lo leí y no me reconocí ni como escritora ni como persona. ¿Y si lo leía alguna de aquellas personas a las que criticaba tanto y tan duramente? ¿Realmente quería guardarme esa caja de pandora?

Así que salí armada con un mechero al patio trasero y quemé mis pensamientos de los últimos cuatro años.

Y desde entonces, intento guardar para mí solo los pensamientos que merecen la pena, que luego todo son trastos por el medio estorbando…

Todos mis ex son… “gente interesante que pertenece al pasado” (menos uno que no cuenta).