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Treintaitantos

Estándar

Mi grito de adolescente no fue “¡mamá!”, sino “¡madre!”. Antes de que saquemos conclusiones precipitadas, no era falta de apego, sino que ya desde adolescente me pareció una memez referirse a una madre como si fuese un bebé. Como adolescente fui una pesadilla, hubiera necesitado a Pedro García Aguado y a todo su equipo para una terapia de choque intensivo (porque a Mary Poppins me la hubiera comido). Pero por aquel entonces Pedro seguramente estaba esnifando cocaína en algún bar de mala muerte mientras yo me desganitaba desesperadamente en el pasillo de la casa de mis progenitores. Como Miley Cyrus con un constante síndrome pre-menstrual.

¡Qué bonita la adolescencia! En la flor de la vida, me decían que estaba. ¡Y una MIERDA! lo decía entonces y lo reafirmo ahora, la adolescencia es una mierda y ser padres o tutores de un adolescente tiene que ser un infierno y quien diga lo contrario es que ha tenido un adolescente “light” en casa y ya se puede dar con un canto en los dientes, porque la mayoría de los adolescentes son, como decía un gran amigo, unos “cabrones por naturaleza”. Está en la esencia misma del adolescente probar límites (es decir, llevar a las autoridades al límite), adquirir nuevas libertades (o tomárselas), explorar nuevas experiencias (en muchos casos ilegales), experimentar con su nuevo cuerpo… vamos, lo que los padres siempre han querido. Y encima la niña se deja el ballet para pegarse con hombres sudorosos, va con mala gente, fuma, vuelve a las tantas y se viste como una zarrapastrosa… una chica de ensueño. Qué dura la adolescencia, fue como una lucha constante hacia dentro y hacia fuera.

Por eso mi madre no merecía que la llamase “mamá”, sino Madre o incluso Señora Madre. Porque con lo que soportó (y soporta) se merece un titulo nobiliario.

Pero tranquilos, padres, tutores y adolescentes. La adolescencia, al contrario de lo que parece, se acaba pasando. Las hormonas se estabilizan (más o menos), los conflictos se resuelven (o aprendemos a vivir con ellos), los choques desaparecen (o parendemos a esquivarlos) y entramos en La Treintena (sí, sí, se tarda tanto), ¡¡Qué bonita la treintena!! Eso sí que es vivir y no la mierda de la adolescencia. Con dinero, con trabajo, con casa, habiendo crecido, con felicidad, conociendo los límites y moviéndonos dentro de ellos. Cuando te tatúas ya no tienes que pedir permiso ni aguantar las reprimendas, de hecho, no tienes ni porqué informar. Adolescentes: Hay esperanza, ya veréis cuando lleguéis qué bonito es todo esto.

¿Y porqué después de tanto tiempo sin postear escribo sobre mi madre? Porque tengo que hablar con ella YA… antes de que lea esto, ya que estoy hasta las cejas en otro proyecto del cual no debería postear hasta que no hable por lo menos con mi madre. Pero vamos… desde hace como cuatro semanas. Y por algún motivo las cosas importantes siempre son más complicadas de explicar a una madre. De hoy no pasa y mañana posteo.

Me’n vaig al camp

Estándar

Ayer Londres, todo el dia. Desde las 5.30am corriendo, literalmente. El tren han sido 40 libras ida y vuelta. Londres, metro, simulacro de incendios, salir de Londres Victoria y colarse en el metro antes de que cierren la siguiente boca de metro, lineas de metro cortadas, no todas, solo las que me sirven de algo. Cambiar de ruta,  llegar 5 minutos antes de que empiece la reuni’on: 6 horas, cuatro cafes largos, lionesas y minicomida de minicositas. Volver a la estacion con una pesada fatalista que se me acopla, correr de nuevo por Londres Victoria con un te hirviendo en la mano y sin tapa, claro en hora punta (dos minutos para coger el tren en el ultimo anden o esperar hora y media). Llegar a casa, pasear al perro, M necesita ir al gimnasio y precisa que lo acampanye, gimnasio.

Volver a casa, escribir el post para que se ordenador se cuelgue y lo pierda. El ordenador ha muerto cocido. Intentar quitar Windows y poner Linux. Nada, muerto RIP. 1am.  Manyana mas.

M me lleva despertando cada media hora desde las 2.30am, el se acosto a las 10. Tengo un monton de trabajo y tengo una mala leche encima historica. M sigue mandandome emails y dandome deberes. Lo he mandado a cagar, no soy tu secretaria.

Llevamos tres dias sin fumar.

http://www.youtube.com/watch?v=gZWDwsgNnIk

pd: perdon por la falta de acentos… estamos trabajando el ello.

Els Catarres – Me’n vaig al camp

Ell era un modernet que vivia a Barcelona
treballava en el disseny i vestia l’última moda
no tenia diòptries però tot i així portava ulleres
unes de pasta negra que no estaven graduades
ell era tan feliç pensant que el món girava al seu voltant
tenia la vida per davant
totes les noies se’l miraven amb voracitat
i ell n’assaboria cada instant.

El temps va anar passant i gairebé sense adornar-se’n
la ciutat esdevingué la capital de la tendència
amb horror el nostre heroi s’adonà d’aquest desastre
ja no era el més modern, sols un més entre tants altres
botigues de roba “vintage”, bars per guiris, festivals,
és la supervivència del més “guai”,
un gran parc temàtic de “fashionisme” idiotitzat,
havia arribat l’hora de marxar.

Me’n vaig al camp, a viure al camp
trobaré una dona ferma i li plantaré tres fills
viurem en harmonia entre conills.
Me’n vaig al camp, a viure al camp
entre porcs i vaques jo trobaré un camí
per tornar a començar i ser feliç
El nostre modernet començà una odissea
contra els elements, cercant la seva utopia
els pagesos se’n fotien de la seva poca traça
deien que marxaria amb la cua entre les cames
Però amb tossudesa i voluntat, el nostre heroi tirà endavant
feliç com un porquet en un bassal
ja no enyorava aquella vida on l’aparença ho era tot
per fi havia trobat un lloc al món
Jo foto el camp, me’n vaig al camp, a viure al camp.
Jo foto el camp, vols venir al camp, a viure al camp.