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Sobre las Acogidas vol. I

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Esta publicación quizás la debería de haber escrito hace tiempo.

Como sabéis, hemos estado considerando tramitar una adopción nacional. Ha sido casi una tarea de investigación en la que hemos ido profundizando poco a poco y que ha cambiado la forma en la que miramos el espinoso tema de los menores en manos del estado. Hemos corregido concepciones equivocadas, hemos aprendido sobre realidades que no sabíamos que existían y lo más difícil de explicar, hemos aprendido a entender y a valorar a ciertos sujetos que antes quedaban fuera de nuestra zona de desarrollo próximo.

He llegado a entender cómo una persona puede ser incapaz de cuidar a su hijo, como es rematadamente fácil el demonizar a estos padres injustamente. También el funcionamiento de servicios sociales (SS) es foco de muchas críticas por parte de padres biológicos y adoptivos y como dice el refranero “cuando el río suena, agua lleva”. Nos hemos adentrado en la maraña de documentación, responsabilidades e intereses que conciernen a todas las partes implicadas en la adopción, que si bien no creemos que sea esa bestia de hacer dinero, al menos sí creemos que sea la bestia de no gastarlo.

No quiero con esto que nadie se sienta ofendido: la adopción es una opción lícita y muy, pero que muy valiente, particularmente la nacional.

Desde nuestro punto de vista la adopción internacional es un mundo aparte. De momento no es una opción que barajemos y por lo tanto no hemos indagado en el tema, pero existe una diferencia sustancial respecto a las adopciones nacionales.

En las adopciones nacionales los niños son sacados de sus familias biológicas. Y aquí yace el primer problema. Entendemos que haya ocasiones en las que esto sea necesario, pero SS necesita documentarlo. También necesitan valorar el impacto del trauma por separacíon para el menor. Es decir hay veces en las que el trauma de separarlo sería mayor que el trauma de dejarlo, así que en numerosas ocasiones SS proporciona apoyo a estas familias (por ejemplo un servicio de limpieza semanal, o les hacen y llevan la compra, visitas semanales de SS para corroborar que se siguen unas pautas, clases de Crianza en las que se explica cómo disciplinar sin violencia, etc.) para ver si apoyando a la familia se puede quedar el menor con su familia biológica. Es un requerimiento legal ya que cuando el caso se lleva al tribunal, SS ha de justificar que ha hecho todo lo posible. Mientras el tiempo va pasando y en muchas ocasiones el menor queda en manos de gente incapacitada para educar o criar y su trauma sigue aumentando. En este caso, los niños salen de sus casas ya con cierta edad y una historia a sus espaldas. Por eso mucha gente piensa que es mejor adoptar a niños más pequeños. Curiosamente las trabajadoras de SS siempre alertan sobre los riesgos de adoptar a gente tan pequeña. Por un lado las necesidad específicas del aprendizaje y del desarrollo no se pueden detectar hasta cierta edad. Es decir, el desarrollo verbal, por ejemplo, no se puede valorar hasta que el niño/a no empieza a hablar o incluso mucho más tarde, ya que la carencia de esta habilidad puede ser fruto de las circunstancias… o no. Por otro lado, cuando SS considera que al menor hay que sacarlo de la casa urgentemente y sin pasar por los trámites por los que pasan otros es porque como se dice vulgarmente “ha pasado algo muy gordo”, el nivel de trauma suele ser mucho mayor. Para dar un par de ejemplos en los que se vea claro: un menor que llega al sistema por desatención llega más mayor, pero cuando se saca a un niño de cinco años de casa, es plausible que haya sido víctima de una red de pederastia.

¿Y entonces qué pasa? El menor se pone en manos de SS, que a su vez se lo deja a una familia de acogida (de hecho, a varias, pero eso lo exploraré en otra publicación), ahí se valora el estado del menor, se le hace un perfil, se elabora un documento con su historial y en más o menos dos años se le adjudica una familia adoptiva (suponiendo que quiera ser adoptado), llegados a esta fase y tras unas visitas iniciales, el menor llega a casa de su familia adoptiva, SS corrobora que es un sitio adecuado para el menor y se firma la adopción ante el juez. A partir de este momento, es tan hijo/a tuyo como uno biológico. Pero no lo es, aunque tenga el mismo valor. Igual que hombres y mujeres no somos iguales, igual que existe diferencia entre distintas culturas, igual que un gato no es un perro ni una pera una manzana ¿Y SS? SS no quiere saber nada, ya que han tramitado la adopción para lavarse las manos y dejar de gastarse dinero (unas 150 libras diarias). No pidas apoyo, ya que recibirías el mismo que recibirías con un hijo biológico. Cuando el trauma causado con anterioridad a la adopción sale a la luz, no puedes pedir ayuda a profesionales, ni apoyo psicológico para ti o tu familia, ni terapia para él o ella. Así que mantén los dedos cruzados para que lo puedas pagar tú de tu bolsillo. Que no se me malinterprete: no es una cuestión de racanería, sino de posibilidades: no querría correr el riesgo de ver a nadie caer sin poder ayudarle.

…mañana más…