Archivos Mensuales: abril 2012

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kafala

La Haeria es un orfanato situado en Tetuán, Marruecos. Doce niños huefanos reflexionan sobre su vida dentro del centro y sobre la inmigración ilegal a través del recuerdo de su profesora de gimnasia Rehimo que se marchó en el 2002. Cortometraje realizado dentro del proyecto “La Europa que educa” para la Presidencia de España en la UE 2010.

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Ya tenemos nuestra propia Trabajadora Social.

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Bueno, bueno, seguimos con el embarazo de la elefanta.

Ayer llamé a Servicios Sociales.

“Hola, mira es que mandé el formulario para adoptar a principios de Marzo y eeermm… no he vuelto a oir nada y eeermmmmm… como he estado de vacaciones mucho tiempo, pues igual me habéis intentado contactar y no estaba ¿sabes?” O igual es que os llamo para ver si corre sangre por vuestras venas.

-“Ah ha. Nombre y apellidos por favor.”

-“XX y XY”

-“Vale, pues sí, lo hemos recibido, lo veo en el sistema, no hay ningún problema, pero es que no os hemos asignado una trabajadora social todavía. “Nos hemos estado tocando la panza cuatro semanas, mirando la pila de papel crecer y nos dá una perrería meterle mano…

-“Claro, claro, o sea, que se ha revisado y todo eso pero de momento no tenemos trabajadora social… claro, con las vacaciones y todo no ha dado tiempo…” Un mes, tía, un mes para decir “este para ti, este para mí.

-“Mira, espera un segundo, le paso esto a la jefa, que te asigne a la trabajadora social de tu área y te llamo esta tarde.” La verdad es que lo podríamos hacer en un pedo si nos pusiéramos.

-“Vale, muchas gracias”. Vaya tela, que os tengamos que meter prisas. 

Dos días más tarde vuelvo a llamar.

-“Hola, mira es que os llamé hace un par de días, porque me había ido de vacaciones y para saber si me habíais intentado contactar, me dijistéis que me llamaríais, pero no sé si tendréis mi número de móvil”

“Nombre y apellidos, por favor”

“XX y XY”

“Sí, tenemos un móvil es 07XXX XX XX XX. ¿Es correcto?”

“Sí es correcto… sí.” Cerdas, pues ya podíais haber llamado.

“Pues ahora mismo ya tienes trabajadora social, esta semana se pondrá en contacto contigo, si no danos un toque la semana que viene.”

“Ah, muy bien, muchas gracias.” Total, sólo tenemos que quedar un día para la entrevista. No más. Una conversación que costaría 3 minutos. Pero vale, ya esos tres minutos para la semana que viene.

O sea, que nuestro expediente ya ha dado un salto de la mesa de despacho del correo recibido a la mesa de despacho de una trabajadora social. Me gustaría celebrarlo, pero me resulta un poco decepcionante.

Zhang Yimou

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Hace ya un tiempo un compañero karateka de buen nivel, me relató un incidente que por algún motivo se ha quedado conmigo. No recuerdo con exactitud todos los datos, pero aunque parezca irónico, sí recuerdo los tecnicismos, así que voy a intentar narrarlos.

Un día, volvía a conduciendo de camino a casa por El Rocío, Sevilla, durante sus fiestas. Una de las calles se encontraba cortada por un lado, por lo que en ese momento era unidireccional. Entre todas las luces, la música y la oscuridad propia de la noche, en un segundo una de las luces creció y se abalanzó contra el capot delantero del coche. Frené. Sentí un golpe. Oí un grito. Salí del coche en un aura de incredulidad para encontrame a una chica estirada sobre en el asfalto a dos metros de una scooter azul, todavía en marcha. Gritaba. Rápidamente me abalancé sobre ella para levantarla.

-¡Hijo deputa, quita, cabrón!

-¿Estás bien?¿Te has hecho daño?¿Te ayudo a levantarte?

-No, quita, para la moto. Pásame le bolso, ahí en la guantera, pásame el móvil que llame a mi novio.

Sin pensar más que en darle lo que me pidiera, paré la moto, busqué el bolso en la guantera de su moto, saqué el móvil y se lo dí. Ese fue mi primer error. A los cinco minutos seguía su actitud impertinente (aunque entendible). Llegó un renault 18 con su novio, y lo que seguramente eran sus amigos. Bajaron del coche andando como si llevaran los genitales entre paréntesis y golondinos a la vez. El andar de la selva sevillana. 4 en total. 2 de ellos blandiendo sendos pitones metálicos. Ya en estado de semi pánico, me percaté de que uno mantenía la mano derecha sospechosamente escondida en su bolsillo. No te preocupes Jose, tú estarás bien, que sabes defenderte“.

Cruzamos, o más bien me ladraron, pocas palabras pero yo ya no las escuchaba porque les leía el cuerpo. A partír de aquí dejé de oir nada. El fondo se fundió a negro y me encontré como dentro de un túnel, o más bien, de un tobogán. Ví cómo el que me venía ladrando se abalanzaba contra mí levantando el pitón en alto para coger impulso y estampármelo en la cabeza. Salté, literalmente, más que en cada uno de mis 25 años; mientras ascendía por el aire busqué el siguiente punto de apoyo: el capó de mi coche paraba suficientemente cerca de la pierna que llevaba doblada por el impulso del salto. Observé a cámara lenta cómo cambiaba la expresión de su cara: primero las cejas, los ojos, la comisura de los labios y la mano izquierda cayendo lentamente mientras la derecha empieza a mover el pitón hacia mí. El ataque es descendente y circular lo que quiere decir que no puedo retirarme hacia atrás ni hacia los lados. No me queda otra opción, me impulso hacia él apoyándome en el coche con todo lo que mi pierna da de sí, me preparo para lanzar todo mi cuerpo, con mi rodilla izquierda apuntando directamente a su esternón “Esto lo parará seguro”. De repente veo cómo llega un segundo ataque en 45 grados. Así que mientras me lanzo saco no sólo mi rodilla, pero también mi puño, calculo sus velocidades y trayectoria, apunto dos centímetros por debajo de donde estaría la comisura de sus labios si estuviese serio, y consigo mi blanco perfectamente: Empieza a caer hacia el lado: creo que lo he dejado KO. Uno menos. Seguidamente impacto con mi rodilla en el pecho del chico del pitón, voy entrando en su pecho y noto un “crack” entre mi rodilla y su espalda. Cae hacia atrás entre tosiendo, ahogándose, e intentando gritar. Creo que le he roto el esternón. Algo así hubiera sido incapaz de verlo en televisión sin apartar la cara y compungirme por simpatía con el herido, sin embargo ahora mismo no siento nada más que incredulidad y la sensación de estar fuera de lugar. Me giro horrorizado temiendo la reacción del siguiente. Me ataca de frente y saltando hacia mí con la mano rerecha por delante: Evidentemente lleva algo que posiblemente corte o pinche. Primera prioridad: Apartarse. Vuelvo a saltar hacia atrás y de nuevo sobre el capot del coche. Salto hacia arriba y observo desde las alturas como completa su ataque y queda estirado hacia delante, calculo mis posibilidades: no puedo darle con las manos porque me podría cortar con la navaja, el pincho o lo que sea que lleva, por lo que tengo que utilizar mis pies, mietras caigo subo la rodilla hacia el hombro izquierdo, cogiendo impulso, veo su pierna delantera casi estirada hacia alante, trazo la línea de los 45 grados sobre su menisco y bajo mi rodilla con toda la fuerza y seguridad que me queda. Noto, a través de la suela de mis zapatillas, cómo primero el hueso se desplaza rozando sobre la rodilla, noto el tendón saliéndose del sitio y la rodilla dislocarse. Cloc, cloc. Recojo la pierna para caer de pie. No lo consigo, pero me levanto de un salto gritando con todas mis fuerzas. No sé por qué. Necesitaba librerarme. La chica y el otro que queda huyen el la moto. Hay tres adolescentes en el suelo gritando de dolor. No me puedo ir. No puedo conducir. No los puedo dejar. Grito otra vez, y otra, y otra… no puedo pensar, sólo gritar. Cloc, cloc. Veo a la policía llegar y les grito. No les insulto: les grito. Vienen a arrestarme. No lo puedo permitir. No les puedo pegar. Les grito. Sacan la porra y se avalanzan sobre mí.

No recuerdo más. Me desperté en una celda, ya no grité más, tampoco pude hablar las primeras horas. Cloc, cloc. No sé cómo he llegado aquí. Yo sólo quería irme a casa a dormir. Es como si algo se hubiera apoderado de mí, no he dudado, no lo he evitado. Ahora me han encerrado. Como a un perro rabioso. Si fuese un perro me matarían. Soy un peligro. ¿Deberían matarme? ¿Cómo he podido hacer eso? Estoy loco. Cloc, cloc. Estoy loco. Estoy loco. Me he vuelto loco. Ya está, es uno de esos casos en los que un tío normal se vuelve loco. Estoy loco. Paso de hablar. Cloc, cloc. Voy a mecerme. Paso de hablar. No hablo porque estoy loco. Joder, me he quedado loco. ¿Qué pasará ahora con mi novia?¿y mis padres?¿mi trabajo? ¿Me darán la baja por locura?

Voy a mecerme, y a respirar, respira, Jose, cloc, cloc. Respira… respira… y mécete, respira…  y finalmente hablé. La policía conocía al grupo de jóvenes que me atacó y estaban dispuestos a no hacer mi vida más complicada de lo que ya era. A su favor, entendieron la situación y me veían más como a una víctima que no como al verdugo. Volví a casa, pedí que me escoltasen. No quería hablar. Tampoco quise salir por las noches, ni conducir más.

-Va chaval, qué suerte que has tenido. Menuda paliza les has dado. (Cloc, cloc) Mira que si te llegan a pillar ellos te habrían dejado fino.

Pues igual hubiera sido mejor. Igual un par de hostias y para casa era la mejor opción. Dos días de hospital. Por lo menos ahora no estaría loco.

-Joder, ahora cuando salgamos, yo voy contigo que estaré más seguro, el Jackie Chan del Rocío.

Vas a salir con tu puta madre. Porque yo no salgo más por la noche. No me jodas… cloc, cloc. La idea de ensalzar mi violencia más bien me horroriza. No soy violento, no lo soy. O no lo era, quizás sí sea un violento.

No saben lo que pienso, no se lo voy a decir, no quiero decírselo, pensarían que me he quedado loco. Quizás sí. Creo que sí. Estoy loco ¿o lo estaba antes?

Estoy loco ¿o lo están ellos?

(min 1.39, la aplicación para que salga automáticamente no siempre funciona)

Los chicos puente… y otros traspiés.

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Hoy he descubierto “La teoría de los chicos puente” y tras unas horas he desarrollado “la teoría de los chicos caballo”.

La primera se refiere a relaciones de pareja en las que un chico (o chica, me permito simplificar) ejerce de puente entre una relación y otra o entre un momento y otro de tu vida. Esos cambios conllevan que la relación con esta persona acabe en contra de nuestra voluntad.  Por los chicos puente tenemos una debilidad a pesar de saber que nunca va a llegar a nada. Es inevitable, es la necesidad humana de cerrar círculos de la Gestalt o como diría Clint Eastwood, de no dejar cabos sueltos. Me pregunto si habrá algo más egoísta detrás como la necesidad de ser aceptados por nuestros ex-algos. Se les reconoce porque de ellos se dice “qué será de x, con lo majo que era”, porque se hacen búsquedas en google de su nombre y porque no nos molestaría saber que tienen pareja.

Me he acostado pensando en la teoría del chico puente y he desarrollado la idea del chico caballo. Creo que hay veces que Papá Noel no nos trae lo que queremos, en esos casos ya una que está curtida por la vida, ya vé si tira el mierdiregalo o sencillamente, pasa. Pero claro, la niña todavía quiere un caballo… luego hay otras veces que a ti no te traen el caballo: Peor; Te llevan a la feria y juegas con él, te lo enseñan, te dejan cepillarlo, subirte, le pones nombre, te haces su amiga  y luego te dicen “Uy, pero esto, no es para tí; no lo puedes tener”. Y Jode. Y claro la niña crece con la idea del caballo que no ha tenido. Y en realidad sabemos que si Papá Noel no fuese tan mamón y nos hubiera traído el caballo desde un principio, ahora el caballo estaría ya muerto y nos acordaríamos de sacar mierda a palazos más que del concepto idealizado que teníamos a los 4 años. Pero como no nos lo trajo y encima nos lo enseñó, pues ahí estamos,  dándole vueltas a comprarnos el caballo… o al menos, a tenerlo como amigo. Se les reconoce porque el contacto con ellos produce el síndrome del móvil que quema, porque como adultos sabemos que sólo sería realista o posible bajo parámetros improbables, y sobre todo porque nos negamos a aceptar que “no puede ser” porque no queremos que sea.

Lección: NO SE PUEDE TENER UN CABALLO SIN LIDIAR CON MIERDA A PALAZOS. ¿QUIERES RECOGER MIERDA A PALAZOS?

¿NO?

PUES NO HAY CABALLO.

Y para los que andáis levantando la ceja, como diría Chavela “Nooooo, no lloro… pero me acuerdo”.

(haciendo clic en el CC se pueden poner subtítulos es castellano)

¡¡¡Victoria!!!

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Me había hecho a la idea de no postear durante las vacaciones. Básicamente suele ser una época en la que voy corriendo de un lado de la comunidad a otro cual conejito de Alicia en el País de las Maravillas. Nunca veo a toda la gente a la que quiero ver y siempre me sabe a poco.

llegas tarde

Excepto ayer. Lo que prometía ser una reunión agradable se exponenció. Es lo que tienen los grupos, que sacan tentáculos y al final aparece gente por todos los sitios… o igual fue la promesa de una torrà con embutido de Ontinyent.

Gente a la que veo cada vez que puedo y lo hago porque me gusta hacerlo y porque la aprecio, que han pasado a ser como parte de la familia. Gente a la que la vida nos marcó caminos similares pero paralelos, de forma que nunca nos tocamos y cuando nos cruzamos, siempre es una sorpresa agradable.

Y gente para la que la vida tiene planes completamente diferentes. Gente con la que nunca pude pasar el tiempo que quise pasar y que desapareció tras una bomba de humo.  Y de repente, de la nada… buF! Aparecen cual enano debajo de una seta. Regalándote algo que nunca pensaste desear. Y no hablo del vino, sino de su historia, su tiempo y su presencia.

Porque una buena reunión es mucho más que los Ferrero Rocher… darlings.