Minientrada

Cuando era pequeña me regalaron un par de diarios. Los 80, es lo que tienen. Uno de ellos tenía las páginas marrones e iba perfumado, las hojas verdes de menta, las rosas de fresa, las naranjas de naranja, las moradas de moras (?)… y escribía mucho. De hecho, escribía casi todas las noches. Cuando me entraban los ataques de adolescentitis y mis frustraciones, las escribía todas, como el personaje de The House On Mango Street de Sandra Cisneros. Y un día me dió por leerlo sin estar enfadada con el mundo. Leí todas las críticas y reproches que había escrito durante cuatro años. Aunque por aquel entonces todavía pensaba que tenía razón, lo leí y no me reconocí ni como escritora ni como persona. ¿Y si lo leía alguna de aquellas personas a las que criticaba tanto y tan duramente? ¿Realmente quería guardarme esa caja de pandora?

Así que salí armada con un mechero al patio trasero y quemé mis pensamientos de los últimos cuatro años.

Y desde entonces, intento guardar para mí solo los pensamientos que merecen la pena, que luego todo son trastos por el medio estorbando…

Todos mis ex son… “gente interesante que pertenece al pasado” (menos uno que no cuenta).

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  1. Es horrible ese momento que comentas, releer pasajes de hace años y no reconocerte de ninguna de las maneras.
    A mi a veces como que me da hasta vergüenza ajena… malditas hormonas, pienso.
    Pero luego lo vuelves a esconder en el cajón de donde había salido y hasta la próxima década…

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